El equipo de Manolo González salió con fuerza y orden, pero se desplomó tras el primer gol de Mikautadze y volvió a pagar una fragilidad defensiva que le ha condenado este 2026

El equipo de Marcelino, más sólido y eficaz, terminó por arrollar contundentemente a los blanquiazules sin apenas oposición. Eran dos equipos heridos por los resultados recientes, aunque no hundidos en la tabla. La situación de ambos empujó a los técnicos a refugiarse en alineaciones seguras. El Espanyol llegó marcado por un enero negro —sin victorias y con un punto de 15—, y Manolo se dejó de probaturas: devolvió a Dolan, Pere Milla y Pol Lozano al once y levantó el castigo a Omar El Hilali, aunque sin poder contar con piezas como Carlos Romero o Ramón Terrats. El Villarreal, que tampoco atravesaba su mejor etapa, sin ganar en sus últimos cinco partidos, no pudo contar con Gerard Moreno, que se resintió durante el calentamiento y dejó su sitio a Buchanan, con Pépé y Mikautadze en la doble punta.

Manolo, en la previa, demandó recuperar varias señas de identidad. Sobre todo, el hambre. El Espanyol salió con intensidad, gestionando bien los tiempos con balón desde el doble pivote con Pol Lozano y Urko, y explotando las transiciones, con Edu Expósito buscando a Dolan. El equipo avanzó bien por la izquierda y avisó pronto con un centro del inglés al que Roberto no llegó. Incluso El Hilali llegó a anotar, pero el gol fue anulado por una polémica falta previa.