El equipo amarillo controla el encuentro tras su dura derrota en Champions ante el Pafos (1-0) y duerme como segundo clasificado de la Liga
La mecha del Espanyol se fue apagando poco a poco. La mordida inicial, aunque sin veneno, y el orden defensivo, aunque pasivo, de los blanquiazules se desvaneció ante un Villarreal con la artillería pesada en el banquillo, pero con efectividad y el control del partido en la pizarra de Marcelino (0-2). El submarino amarillo, en un imponente inicio liguero, escala a la segunda posición de la tabla, mientras el Espanyol permanece sexto.
Era un duelo de ambiciones en lo alto de la tabla, un choque también capaz de determinar el rumbo de la temporada para ambos, que llegaban de dos derrotas. Marcelino se marchó enfadado de Chipre tras perder duramente ante el modesto Pafos, y tras el esfuerzo europeo, el técnico realizó ocho cambios en su once inicial. Se sumó a la revolución Manolo González, que intentó recuperar mordiente con seis cambios respecto a la derrota frente al Alavés y sin poder contar con Romero y Terrats por la cláusula del miedo.
El Espanyol, emocionalmente a medio camino entre el 125 aniversario y la mala noticia del infarto del director deportivo, Fran Garagarza, se refugió en su RCDE Stadium. El estadio es su habitual fortín, y hasta este sábado tan solo habían perdido un partido en casa. Ante el Villarreal, el balance no era optimista.






