Escuchar historias ayuda a que los menores desarrollen su imaginación y su concentración. Eso sí, se deben integrar sin sobreestimular al pequeño, según alertan los expertos
El cuento es la primera forma de narración con la que los niños tienen contacto. A la rutina de escoger un libro físico y leerlo antes de dormir se le está uniendo, en los últimos años, los audiocuentos. A través de podcast y con los altavoces, sin tener que estar pendientes de una pantalla, se potencian valiosos recursos de aprendizaje como el desarrollo de la imaginación.
“Es un formato que ayuda a desarrollar el pensamiento creativo y las funciones ejecutivas de los niños al tener ellos que elaborar en su mente lo que están escuchando”, explica Diana Jiménez, psicoterapeuta y neuropsicóloga educativa. La escucha de un relato a través de este formato da lugar a explorar la fantasía y, sobre todo, a la creación de esas imágenes originadas por los propios niños. En un cuento escrito, continúa la experta, “el menor tiene todo muy pautado, pero en un audiocuento, por el contrario, exploran imágenes que están en su mente”. Jiménez explica que esto los hace partícipes de la historia, sin opción a distraerse, y el proceso de aprendizaje es distinto a cuando se miran los dibujos en una pantalla: “Cuando un niño ve, se entretiene; cuando escucha, construye”.






