Los ediles hablan de la exclusión “evidente” que sufrió la mujer, a quien describen como “vital”, “entusiasta” y “con ganas de trabajar” cuando entró en política y explican cómo quedó “aislada y diluida” después
Los concejales de la oposición en Móstoles comparten un mismo relato, que se divide en dos momentos: antes de las elecciones de 2023, cuando entró en política, y después. En el antes, una mujer “vital”, “entusiasta”, “con ganas de trabajar”, “jovial” y “muy profesional” ―entre otros adjetivos que describen a alguien comprometido con el partido y la ciudad― llega como número dos por el PP al Ayuntamiento, con el apoyo explícito del alcalde, Manuel Bautista, que le ha insistido para que le acompañe en el camino electoral y ella, ilusionada por la confianza, ha aceptado. En el después, esa mujer, funcionaria del Estado y que no conoce los intríngulis de la vida política, deja de ser la que era....
La ven cada vez más “sola”, “aislada”, “triste”, “apartada de la noche a la mañana” de los actos municipales y sin presencia alguna en los plenos u otras actividades. “Se fue diluyendo”, coinciden los ediles. En octubre de 2024, la concejala deja el puesto y se da de baja de su partido de toda la vida. Entre el antes y el después, se sabe ahora que se sucedieron meses de presunto acoso laboral y trato degradante por parte del alcalde, motivados por el rechazo de ella a las proposiciones sexuales directas y no deseadas del regidor, y constantes peticiones de ayuda al PP de Madrid, donde le insistieron para que no denunciara lo que ellos mismos definieron como “acoso de manual”.






