La concejala escribió a Díaz Ayuso, se reunió con su mano derecha, Alfonso Serrano, y con Ana Millán, y acudió al Comité Nacional de Derechos y Garantías. Ante la falta de respaldo, entregó el acta, dejó la política y se dio de baja como militante

Entró en política con una convicción: mejorar el municipio en el que había nacido, crecido y formado su familia. Tenía casi 40 años, una carrera profesional consolidada —doctorado, dos carreras universitarias, dos másteres— y era funcionaria del Estado. En otoño de 2022, a pocos meses de las últimas elecciones municipales, empezó a colaborar con el Partido Popular de Móstoles, un municipio madrileño de 215.000 habitantes, sin conocer los códigos ni las inercias del mundo político. Se había afiliado en 2010, pero sin una gran pasión política. Su familia, de clase media, era del PP de toda la vida, y ella lo consideraba su partido. Cuando, 12 años después, se animó a participar de forma más activa, empezó a ir cada tarde a la sede para ayudar en lo que hiciera falta, como tantos voluntarios.

Muy poco después, Manuel Bautista, que más tarde se convertiría en alcalde, le pidió que lo acompañara en su camino electoral. Le dijo que necesitaba a alguien “altamente formado”, con capacidad de trabajo y experiencia en gestión de equipos. Que la había visto trabajar y que era justo lo que necesitaba en su campaña. Ella se ilusionó con la propuesta y con la confianza depositada en su capacidad profesional, y aceptó.