La “gran fiesta” del puertorriqueño en el mayor escenario de EE UU, envuelta en el misterio y la expectación, promete un empoderamiento para una comunidad de 65 millones de individuos en la diana de la cruzada antimigrante de Trump

Donald Trump asegura que no sabe “quién es” Bad Bunny. “Nunca he escuchado hablar sobre él”, afirmaba hace unos meses el presidente estadounidense sobre el artista más escuchado del mundo. Al republicano le parece “pésima”, “ridícula” y “horrible” la decisión de la NFL de seleccionar a la superestrella puertorriqueña para el espectáculo de la Super Bowl de este domingo y, en medio de su berrinche, declinó asistir al mayor evento deportivo de Estados Unidos, al que sí acudió el año pasado.

En un momento en el que poco se escapa del control del hombre más poderoso del mundo, obsesionado con llevar a cabo la mayor deportación de la historia, incluso si eso significa que ciudadanos estadounidenses mueran en el fuego cruzado y que las leyes del país sean llevadas hasta su punto de quiebre, el show intermedio de Bad Bunny promete devolver la respiración, al menos por un momento, a los más de 65 millones de latinos en Estados Unidos que han vivido un año de persecución, terror y angustia.