El artista boricua firma, con la ayuda de Lady Gaga y Ricky Martin, una brillante actuación en el espectáculo del descanso de la final de la NFL más esperado, que Trump define como

Una fantasía de palmeras, cañas de azúcar y azoteas de dos edificios del Morro del Viejo San Juan —con su mercado (La Marqueta), su “Casita”, su barbería y una licorería que decía, simplemente, “Conejo”— sirvió a Bad Bunny de escenario para el extraordinario encuentro con su destino como icono de los hispanos en Estados Unidos y de los latinoamericanos en el mundo; el mundo de Donald Trump. Fue este domingo en Santa Clara (California), en un deslumbrante espectáculo del intermedio de la Super Bowl, que el presidente de Estados Unidos definió como “terrible” poco después.

“Bienvenidos al espectáculo del medio tiempo del Súper Tazón”, decía, en español, la pantalla del estadio de los San Francisco 49ers a la mitad de la espesa final de la NFL que enfrentó a los Seahawks contra los Patriots. Sobre la hierba, el cantante llegó de punta en blanco, con un balón de fútbol americano que retomó al final de la actuación, cuando, con el fondo de su himno DtMF, exclamó “Seguimos aquí” y marcó un touchdown. Estaba rodeado de un cuerpo de baile que portaba las banderas de todos los países del continente americano, cuyos nombres recitó el cantante, que se reservó para él la de su isla, Puerto Rico.