Este género popular, del que Fernando Esteso y Andrés Pajares siempre serán en la memoria su paradigma, es solo una muestra de parte de lo que fuimos. Y de lo que, con satisfacción, hemos dejado de ser

La muerte de Fernando Esteso el 1 de febrero ha desatado en algunos aficionados al cine una cierta llamada a la nostalgia. Y el recuerdo del llamado

ack-dtm="">“cine de destape” ha asaltado algunos medios de comunicación. Los nombres de Esteso, Andrés Pajares, Mariano Ozores y los de muchas actrices (que fueron quienes, en realidad, sostuvieron aquellas películas) han regresado desde la memoria. Pero toda nostalgia encierra trampas, y esta ocasión las muestra con claridad. El cine de destape tuvo una corta vida, pero prolífica. Y sumó a las arcas del cine español abundantes entradas vendidas en las salas. No era de extrañar en un país que se asomaba al final de 40 años de dictadura. Fernando Esteso, junto con Andrés Pajares, siempre será, en la memoria, el paradigma de aquel cine, un cine popular, sí, pero también desmañado, pedestre y finalmente cavernícola.

El último año del dictador Franco en vida fue también el primero del destape. El devenir del cine español cambió en 1975, cuando en el mes de marzo el Ministerio de Información, del que dependía el código de censura, autorizó el desnudo en una pantalla siempre que estuviera justificado “por exigencias del guion”. Era el preludio de lo que llegaría poco después, porque ya ese mismo año se estrenó en las salas El libro del buen amor, donde Patxi Andión, entonces un icono de la izquierda, mostraba un desnudo trasero. Y en febrero de 1976 llegó La trastienda, con el primer desnudo integral del cine español, protagonizado por María José Cantudo.