La cita olímpica de Milán-Cortina, que debía ser la más sostenible de la historia, arranca con críticas al recurso a la nieve artificial, la tala de árboles, los elevados costes y las obras sin terminar

Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, que empiezan este viernes hasta el 22 de febrero, son los terceros que organiza Italia ―tras Cortina 1956 y Turín 2006― pero pueden ser los últimos, porque el 90% de las pistas de esquí del país ya sobreviven solo con nieve artificial y el cambio climático puede hacer imposible una próxima cita. En la anterior cita en Cortina la temperatura media fue de -3,5 grados, pero ahora será de 4. Según un análisis de Climate Center, solo 52 de los 93 enclaves potenciales de los juegos invernales reunirán las condiciones necesarias en 2050.

Esta precariedad de la nieve podría atenuarse gracias a las precipitaciones caídas en los últimos días. Los Juegos, en cualquier caso y según admite el comité organizador con datos de la organización ecologista Legambiente, están preparados para generar hasta 2,4 millones de metros cúbicos de nieve artificial, con un consumo de agua de 1 millón de metros cúbicos y el gasto de electricidad equivalente al de 3.000 familias italianas. Se estima que cubrir un kilómetro de pista cuesta de 30 a 40 millones de euros.