Los anillos olímpicos se iluminan con fuegos artificiales durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, en Milán, Italia, el 6 de febrero de 2026. EFE/ Neil Hall

Por Tomás Frutos |

Roma (EFE).- Milán, la gran ciudad. Cortina d’Ampezzo, la montaña. Solo la armonía entre ambas, escenificada en una ceremonia de apertura con sede en San Siro pero dividida en otras cuatro ciudades, permite la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, históricos por ser los primeros con dos pebeteros y los más extensos con un territorio de 22.000 kilómetros cuadrados.

La apertura de Milán-Cortina quedará en el recuerdo. Fue la primera de la historia con deportistas de mismas delegaciones desfilando en distintas ciudades. Es lo que tienen los Juegos más dispersos del olimpismo. Milán, Cortina, Predazzo, Tesero, Anterselva, Bormio, Livigno y Verona (ceremonia de clausura).

Reto superado con éxito. Una ceremonia emotiva. Con homenajes. Con historia. Con peso escénico. Con ritmo incluso al haber diferentes localidades. Los Juegos de Invierno empezaron por todo lo alto.