La reconstrucción económica y social de Europa occidental tras la II Guerra Mundial no se puede entender sin la contribución de millones de inmigrantes

Uno de los fenómenos más preocupantes en estos tiempos oscuros es la normalización del racismo. La idea del Gran Reemplazo —adoptada por líderes ultraderechistas, pero también por una derecha en teoría menos extrema— mezcla además el racismo con el antisemitismo. En la versión original de esta delirante teoría, que dirigentes políticos esgrimen sin com...

plejos ni vergüenza, se acusa a los judíos —concretamente a George Soros— de conspirar para llenar Occidente de musulmanes y negros con el fin de reemplazar a la población cristiana blanca.

Sin embargo, Europa constituye el relato de una gran migración. De hecho, la historia de la humanidad se puede leer como una inmensa migración, que comenzó en África hace millones de años, y que todavía está en marcha. En casi todos los casos no se trata de personas que dejan sus países voluntariamente, sino de seres humanos que huyen de la miseria, la violencia y la tiranía, o de las tres cosas a la vez. A lo largo de la historia, muchas migraciones que han forjado nuestro mundo están provocadas por el hambre o la persecución, como ocurrió con los millones de europeos que poblaron América a partir de 1492, exterminando a sus habitantes originales. No deja de ser curioso que los que sostienen la trola racista del Gran Reemplazo sean, generalmente, también defensores de aquella conquista durante la que desaparecieron en torno al 90% de las personas que habitaban el continente antes de que llegaran los europeos.