Aunque la derecha quiera achacar a los que vienen los cambios en la sociedad española y la pérdida de identidad, esta viene producida por dinámicas económicas, sociales o tecnológicas a nivel planetario

Antes de las elecciones de 1986, el socialista Alfonso Guerra dijo aquella frase antológica: “A España no la va a reconocer ni la madre que la parió”. Hoy podría decirse lo mismo del mundo, pero cada dos días: no lo reconoce ni la madre que lo parió. Todo cambia a toda velocidad y cuesta una barbaridad mantener el ritmo. El presente es incomprensible, el futuro se ve borroso y hay quien busca consuelo en un pasado que muy probablemente no fue tan bueno como lo queremos recordar.

ido-de-clara-ramas-cuando-el-pasado-es-el-horizonte.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/babelia/2024-07-01/el-tiempo-perdido-de-clara-ramas-cuando-el-pasado-es-el-horizonte.html" data-link-track-dtm="">Son tiempos nostálgicos. Y es comprensible que la gente sienta zozobra, desánimo, falta de asidero, miedo.

Entonces vienen unos y dicen: “Todo es culpa de los migrantes”.

La ultraderecha vive obsesionada con los migrantes. Parece que si de un día para otro desaparecieran los migrantes, causantes de todos nuestros males, España sería un lugar feliz sin problema a la vista. Aunque igual ni siquiera les conviene del todo: ¿A qué se dedicaría la ultraderecha entonces?