El candidato a suceder a Jerome Powell buscará consenso para reducir el balance de la deuda y recortar la dependencia a la evolución de los datos

Durante los últimos ocho años, el mercado se ha acostumbrado a que la Reserva Federal de Estados Unidos telegrafiara casi al milímetro sus movimientos. Bajo la presidencia de Jerome Powell, la dinámica de la política monetaria del banco central estadounidense estaba casi predefinida de una reunión a otra, salvo en capítulos como los vividos durante el cierre económico provocado por la pandemia de la covid-19 o la escalada inflacionista derivada del estallido de la guerra en Ucrania. La candidatura de Kevin Warsh para suceder a Powell viene a poner fin a esa línea continuista y lanza una señal de ruptura con lo establecido. “No hay ninguna institución en Estados Unidos que tenga una reputación pública tan alta y un historial de desempeño tan pobre”, dijo el premio Nobel de Economía Milton Friedman, profesor de Warsh en la universidad de Stanford.

Las abundantes publicaciones y discursos realizados por Warsh desde que abandonara la Fed en marzo de 2011 ofrecen sobradas señales de hacia dónde querrá llevar al banco central si es confirmado por el Senado para suceder a Powell, cuyo mandato finaliza en mayo. Unas pistas que parecen complacer al presidente estadounidense Donald Trump, quien ha manifestado insistentemente que la Fed debe rebajar los tipos de forma más agresiva. Pese a que el republicano ha insultado y amenazado persistentemente a Powell no ha logrado su ansiado deseo de que las tasas se reduzcan al entorno del 1%.