El candidato a la Reserva Federal es un férreo defensor de reducir el balance del banco central, aunque Powell ya ha tenido que sofocar dos incendios cuando ha intentado hacerlo

La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal, que deberá contar aún con la aprobación del Senado estadounidense, apunta a cambios en la política y el estilo de comunicación del banco central más poderoso del mundo. Economistas e inversores escudriñan en los últimos días las ideas y declaraciones, recientes y lejanas en el tiempo, de quien ya fue gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011. Y de ese análisis se desprende que

ieros/2026-02-04/el-mercado-vaticina-un-cambio-de-discurso-de-la-reserva-federal-bajo-las-riendas-de-kevin-warsh.html" data-link-track-dtm="">la visión de Warsh para la Fed sería menos convencional: la de un banco central favorable a las bajadas de tipos, gracias al impacto en la economía de la inteligencia artificial, con una política y una comunicación menos previsibles y, sobre todo, con un balance de menor tamaño.

Este punto, el volumen de activos acumulado por la Reserva Federal a golpe de compras de deuda, ha sido de hecho el gran caballo de batalla de Warsh en los últimos años, hasta el punto de llevarle a la dimisión en 2011 como gobernador. Ben Bernanke se extralimitó en sus funciones, según el ahora candidato, con la política sostenida del denominado quantitative easing (QE), receta contra la Gran Crisis Financiera también compartida por el BCE y el Banco de Inglaterra, y que llevó al balance del banco central estadounidense a dispararse hasta los nueve billones de dólares, máximo alcanzado en 2022. En 2008, apenas llegaba al billón de dólares.