La imagen que se transmite, propia de la ingobernabilidad, es que la política no está a la altura de lo que cabe exigir de ella, que sea eficaz para resolver demandas específicas
Seguir la política española del día a día se está convirtiendo cada vez más en una tarea a tiempo completo. Ahora mismo, por ejemplo, cualquier ciudadano que quiera estar informado sobre ella se ve obligado a seguir cada novedad del frente judicial que afecta a los casos de corrupción, a la vez que ha de dedicar un tiempo no menor en tratar de digerir las continuas informaciones que aparecen sobre las
ccidente-ferroviario-de-adamuz-todo-parece-evidenciar-que-la-causa-ha-sido-la-rotura-de-una-soldadura.html" data-link-track-dtm="">causas de la tragedia ferroviaria. Y como trate de fijarse en lo que afecta al Parlamento, el esfuerzo no es menos oneroso: ahí le espera el complejo mundo de los decretos ómnibus, aquellos que abarcan varias áreas temáticas dentro de un mismo instrumento legislativo. Como hemos visto con el último de ellos, aquel en el que se mezclaba la subida de las pensiones con el escudo social y otras medidas varias, lejos de servir para que pudieran aprobarse todas, el resultado ha sido el contrario. Se rechazó en bloque, cuando si se hubieran presentado por separado lo más posible es que la mayoría de ellas hubieran encontrado el consenso necesario.






