A veces, a los columnistas no nos queda más remedio que meternos en temas que son propios de los especialistas, convertirnos en algo así como tertulianos por escrito. La razón es bien simple: la actualidad pasa inevitablemente por ellos y exige que la atendamos desde una perspectiva de sentido común, no desde el más crudo conocimiento experto. Un caso típico es este que hoy nos ocupa: la necesidad de atender o no a ese 5% en gasto de defensa que Donald Trump ha impuesto a la OTAN y que nuestro Presidente del Gobierno rechaza. Sabemos que todos los demás miembros lo han aceptado, pero no tengo nada claro hasta qué punto esta exigencia es razonable. Hasta ahora parecía que bastaba con satisfacer el famoso 2%, pero poco a poco se ha ido elevando hasta llegar a la nueva cifra. ¿Por qué, porque la amenaza es tan espeluznante como la pintan o hay otras razones?

Por lo pronto, podemos estar ante otro de los tratos de Trump, buscar imponer a Europa una compra masiva de material militar estadounidense, la ocasión de resarcirse de nuestra anterior dependencia de su paraguas defensivo. Es natural también que se abracen a esta idea los países del este que se sienten más directamente amenazados por Rusia, o incluso aquellos con fuerte industria armamentística, que ven en este espectacular aumento de los gastos de defensa una magnífica oportunidad para ampliar su negocio. Digo esto porque lo que veníamos leyendo sobre esta materia era que el problema de la defensa europea tenía menos que ver con el gasto neto en defensa —bastante superior al ruso— que con la disparidad e incompatibilidad de los medios armamentísticos de cada ejército o con cuestiones de logística y estrategia conjunta. El problema de fondo de la defensa europea es que no existe un ejército europeo, sino una adición de ejércitos nacionales. Esto no lo va a cambiar la actual situación geopolítica, así que no queda otra que espabilar en capacidades de coordinación o confiar, como hasta ahora, en el mando estadounidense de la OTAN. Y de ahí viene la capacidad de chantaje de Trump, bien asentada por ser el único país capaz de dotarnos de una protección nuclear eficaz.