No es fácil enfrentarse al hombre que convierte la tierra quemada en jardín y logra sacar de quicio al madridismo con apenas una sonrisa
Todo parece indicar que el sentimiento no era mutuo cuando Laporta mandó colgar aquella lona en el corazón de la Castellana con el lema, ya icónico, de “Ganas de volver a veros”. El golpe de efecto se hizo notar en el ánimo del socio culé, un tanto abatido por el desmoronamiento del proyecto propio y el dominio reinstaurado del máximo rival: con muy poco dinero y bastante dosis de jet...
a, el favorito en todas las encuestas asestaba un directo casi definitivo a sus principales competidores y removía el avispero del día a día en la capital. “Al menos lo ha escrito en castellano”, declaraba una señora con pinta de venir de la compra a unos reporteros de televisión.
Han pasado más de cinco años desde entonces y las urnas vuelven a calentar motores para elegir al próximo presidente del Barça, otra vez con Laporta como gran favorito pese al esfuerzo, casi titánico, de Víctor Font por presentarse como una alternativa real de cambio. No es fácil enfrentarse al hombre que convierte la tierra quemada en jardín y logra sacar de quicio al madridismo con apenas una sonrisa, la misma con la que suele afrontar la ingesta de un buen chuletón o los días de partido. Luchar contra la felicidad es como avanzar por el campo de batalla pegándose tiros en ambos pies, y nada parece indicar que el soci, al menos de forma mayoritaria, esté dispuesto a renunciar a la suya por aventurarse en el terreno siempre desconocido del día después: por eso el único camino que podría apartar a Laporta del palco pasa por destruir el encantamiento y convertir al orondo príncipe en rana.






