Obras del túnel de Rubí, sin fecha de finalización, impiden la circulación de trenes y agravan el colapso por el corte de la autopista
Los diez días de caos en la movilidad de Cataluña por el descarrilamiento mortal de Gelida (Barcelona) no solo ha hecho perder la paciencia a los usuarios de Rodalies. Quienes dependen del transporte logístico o del tráfico de mercancías desde y hacia los puertos de Barcelona y Tarragona también rozan la desesperación. La mayoría de trenes de mercancías no pueden ni salir hacia Francia ni moverse más allá de la Llagosta debido a los trabajos que se realizan en un túnel de la R8 a su paso por Rubí. “La situación de las infraestructuras catalanas es crítica”, resumieron ayer varias entidades empresariales en una nota que emitieron este jueves. Con los trenes renqueantes y las vías llenas de achaques, hasta once tramos tienen que cubrirse en autobús, 400.000 usuarios de los cercanías se las tienen que apañar cada día para desplazarse. Además, el Ave ha reducido la velocidad y este jueves se tardaba casi cinco horas en realizar el trayecto entre Madrid y Barcelona. El corte en la autopista AP7 vuelve a ser total en sentido sur y genera kilómetros de retenciones porque afecta a 120.000 vehículos, entre ellos muchos camiones.






