La crisis ferroviaria en Cataluña no pasará por esta legislatura como un agravio más
La crisis de Rodalies supone una impugnación al posibilismo de Pedro Sánchez con Cataluña. El profundo malestar desatado estos días habla del sentimiento de agravio acumulado durante años, aunque la desinversión no sea solo cosa de su Gobierno. Sin embargo, el contexto político actual es inevitablemente sensible para el PSOE: corre el riesgo de extenderse la impresión de que el regreso a la gobernabilidad por parte de Junts y ERC no ha servido de mucho. Es decir, un sentimiento parecido al que imperaba en los años previos al 1 de octubre de 2017.
A fin de cuentas, los partidos independentistas hicieron una fuerte apuesta enterrando el procés entre 2018 y 2023. Jamás lo reconocerán, pero negociaron su salvación judicial (vía indultos y amnistías), a cambio de prometer a su electorado que los agravios autonómicos se solucionarían mediante la negociación de competencias, recursos e infraestructuras. La cuestión es que hoy la mayor parte de los medios en Cataluña están informativamente copados por el trágico accidente del tramo de Gelida, así como por los retrasos y cancelaciones en el servicio. Se retrata sin paliativos el sentimiento de abandono de las infraestructuras catalanas.








