ERC y Junts, más allá de compartir el diagnóstico y la apuesta por desgastar al Govern, mantienen sus diferencias
El accidente de Rodalies en Gelida (Barcelona), hace tres semanas, es mucho más que una tragedia ferroviaria. El choque de un convoy con un muro de la AP-7, que colapsó a su paso, y la gestión posterior es la foto fija de las consecuencias de años de incumplimiento en la inversión del Gobierno central, la falta de coordinación entre Administraciones y la dificultad técnica de poder garantizar un servicio óptimo en el corto plazo. La crisis también da oxígeno a los partidos y entidades independentistas, que intentan convertir la frustración ciudadana en un respaldo a su reivindicación. Con todo, más allá de compartir el diagnóstico y la apuesta por desgastar al Govern, los secesionistas siguen sin aparcar sus diferencias, lejos de la unidad de acción que hizo posible el procés.
La oposición en el Parlament no le ha dado tregua a un Ejecutivo catalán que intenta buscar la salida de su peor crisis en año y medio de andadura. En el caso de las formaciones independentistas, que perdieron la mayoría en las pasadas elecciones, se trata de una oportunidad de oro a nivel político. “Ha caído el pladur que escondía la incompetencia del Govern de Illa”, resumió ayer el portavoz de Junts per Catalunya, Josep Rius, en referencia a cómo la situación ha resquebrajado el discurso socialista de excelencia en la gestión y la apuesta por la colaboración estrecha con el Gobierno central como la vía para desencallar carpetas como la de los problemas en Rodalies.






