El veterano maestro israelí y el director de escena catalán lideran el primer gran triunfo de la temporada del coliseo madrileño con la ópera de Paul Dukas, protagonizada por la lírica y versátil ‘mezzosoprano’ Paula Murrihy
En 2005, el veterano maestro israelí Pinchas Steinberg revolucionó el foso del Teatro Real con unas funciones magistrales de La mujer sin sombra, de Richard Strauss. Entonces realizó abundantes ensayos y diversas pruebas acústicas, hasta el punto de pedir que se retiraran los cortinajes de los palcos para ganar brillo y nitidez en una orquesta de 130 músicos. Cinco años después regresó para dirigir, con idéntico éxito,
010/06/14/cultura/1276466403_850215.html" rel="" data-link-track-dtm="">La ciudad muerta, de Erich Wolfgang Korngold. Pero su mayor desafío orquestal lo ha afrontado ahora, con 80 años recién cumplidos, ante una partitura tan fascinante como excesiva en lo sinfónico: Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas.
Steinberg convenció desde el preludio del pasado 26 de enero, que abre este “cuento musical en tres actos” basado en la exquisita adaptación de Maurice Maeterlinck del célebre relato de Charles Perrault. Lo hizo con una lectura tensa y admirablemente proporcionada de ese auténtico vivero de motivos que el compositor de El aprendiz de brujo elaboró a lo largo de siete años, entre 1899 y 1906.






