Una funcionaria de 29 años, que perdió la conciencia por un golpe en el accidente, es una de las personas heridas que permanecen ingresadas en el hospital Reina Sofía de Córdoba

Recuerda los minutos previos al accidente de tren, pero los que siguieron están en negro. Y cuando despertó, todo era una pesadilla. Todavía retiene en su memoria la película que estaba viendo en la pantalla de su móvil, mientras iba el pasado domingo en un asiento del tren Iryo destino a Madrid donde trabaja como...

funcionaria. Recuerda también las vibraciones que sintió, los saltos del asiento, el tambaleo. Después de eso, tan solo una consecución de imágenes sueltas que describe como terroríficas. Tras la colisión, perdió la conciencia. Cuando la recuperó, el coche estaba tumbado; y la ventanilla que había estado durante el trayecto pegada a su brazo izquierdo, estaba ahora en el techo. Rosa, que prefiere no dar su nombre real para preservar su privacidad, es una de las personas que continúan ingresadas en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.

Cuando abrió los ojos tras el siniestro, se encontró una mujer en el suelo encima de ella. Cruzada en su cuerpo. Parecía en relativo buen estado físico, así que se atrevió a pedirle que le describiera cómo la veía: “¿Cómo estoy? ¿Qué tal tengo la cara?”. No obtuvo respuesta clara. Sacó su móvil, se hizo una “autofoto” y, cuando la vio, ella también se quedó sin palabras. La sangre cubría su rostro de lado a lado. Tenía el pelo incrustado en la piel y un ojo inutilizado, completamente golpeado.