Más allá del estado de la infraestructura, las deficiencias de la comunicación al pasajero erosionan el servicio en Rodalies

Dentro de Sants también cae un temporal. Real y metafórico. Había goteras en la estación, en la jornada lluviosa del sábado, pero además hay otro diluvio sobre el sistema. La jornada de caos de ayer en la red de Rodalies no solo sirvió para dejar en evidencia la falta de sintonía entre la Generalitat, por un lado, y Renfe y Adif por otro, en la gestión ferroviaria en Cataluña. También ejemplificó a la perfección cómo la falta de información efectiva del estado del servicio, de cara al pasajero, es al menos igual de dañina que la falta de inversión en la infraestructura que dejan al descubierto las precipitaciones. Mensajes contradictorios, pantallas con información fantasma, informadores que pedían ignorar los paneles y solo fiarse de una gangosa megafonía son algunos de los ejemplos vividos en Sants, el centro neurálgico del tren catalán.

“Estamos aquí tirados, sin saber qué hacer”, lamentaban Ricard y Maria, una pareja que venían de Figueres en alta velocidad y esperaban hacer conexión con el Aeropuerto de El Prat en Sants esta mañana, desde conde volaban al Caribe. Llegaron justo antes de que trascendiera el nuevo corte del servicio. Como la gran mayoría de catalanes, se fueron a la cama la noche del viernes pensando que el sábado habría trenes, ignorando que a las tres de la madrugada la Generalitat informaba de que no se daría servicio tras una reunión con los maquinistas pero que a las siete de la mañana Renfe sí lo ofrecía, aunque con amplias restricciones.