Transportes revisará protocolos de Adif y el gasto en mantenimiento de la red ferroviaria, pero descarta una situación de inseguridad en la alta velocidad
La tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) deja 45 muertos; ha resquebrajado la confianza de los viajeros en la alta velocidad, e impacta en la imagen de un país que exporta conocimiento en infraestructuras. El ministro de Transportes, Óscar Puente (Valladolid, 57 años), recibe el viernes a El PAÍS en su despacho en la Castellana de Madrid. Le ocupa, entre otras urgencias, encontrar un mecanismo de reparación a las víctimas sin que tengan que esperar un largo juicio, pero también acaba de conocer conclusiones preliminares de la investigación técnica del siniestro. No piensa en la dimisión pese a que se disparan las sospechas sobre el raíl roto como posible causa del descarrilamiento del tren de Iryo el pasado domingo. Con ello, también es mayor la presión sobre la pública Adif, gestora de la vía y adscrita a su ministerio. “No hay ningún debate en el Gobierno sobre mi dimisión”, afirma.
Pregunta. ¿Entiende que la gente pueda sentir miedo de viajar en tren en este momento?
Respuesta. Claro, el miedo es libre. Atravesamos un momento muy duro con un accidente en la red de alta velocidad con 45 muertos y otro en Rodalies. Pero la sensación de miedo no es justificada. Esto es absolutamente excepcional. Es muy, muy, muy remota la posibilidad de que suceda. Ha pasado, pero eso no significa que el sistema sea inseguro.






