El país del Canal vuelve a preguntarse hasta dónde alcanza su soberanía cuando Washington decide actuar
Panamá despertó ese día con la extraña sensación de mirarse en un espejo. Durante las primeras horas del 3 de enero, mientras el mundo intentaba asimilar los detalles de la captura de Nicolás Maduro como resultado de una operación militar de Estados Unidos, el país del Canal volvió a hurgar en una herida que, 36 años después, sigue abierta: la invasión estadounidense de 1989.
La escena sigue viva en la memoria del país y regresa una y otra vez, suspendida entre el recuerdo y el debate. Durante la medianoche del 20 de diciembre de 1989, la ofensiva militar de Estados Unidos se desplegó de forma simultánea por tierra y aire. Helicópteros, aviones de combate y fuerzas especiales tomaron puntos estratégicos de la capital y sus alrededores, mientras barrios enteros despertaban bajo el estruendo de explosiones y disparos. El objetivo era acabar con el régimen y capturar al dictador Manuel Antonio Noriega, quien se entregó días después, también un 3 de enero, una coincidencia temporal que devuelve al presente una historia no cerrada.
Para una nación sin ejército, que administra una vía marítima estratégica para el comercio global, la operación en Venezuela abrió una pregunta incómoda: ¿qué margen de maniobra tiene Panamá cuando Estados Unidos decide actuar en su “patio trasero”?






