El comentado segundo desfile de Jonathan Anderson en Dior da una vuelta de tuerca al debate de lo que consideramos ropa para el día a día, y protagoniza las colecciones del próximo invierno que se han visto en la semana de la moda de hombre de París

Hay un conflicto de fondo en los desfiles de hombre que se celebran estos días: el enfrentamiento entre la ropa, digamos, real, y aquella que se considera moda, más densa en creatividad y concepto. Hasta la presentación de Dior el pasado miércoles parecía ganar lo primero. Milán, el fin de semana pasado, estuvo despoblado de firmas importantes pero lleno de ropa pensada para eq...

uipar un armario, y el arranque de París, el martes por la tarde, fue por parecidos derroteros: abrió Auralee, una pequeña marca japonesa conocida por sus precios contenidos y su concisa manera de destilar tendencias en ropa que te puedes poner. El casting era masculino y femenino y variado en edades y etnias. La ropa, básicos del guardarropa masculino con cortes elegantes y despegados del cuerpo. Una propuesta fresca y simple sin otro gesto que el ocasional golpe de color: rojo señalética, amarillo vainilla o verde manzana.

La misma voluntad de equipar al hombre contemporáneo resonó en el otro extremo del ecosistema de la moda. La colección masculina de Pharrell Williams para el gigante del lujo Louis Vuitton, llamada Timeless (atemporal), desfiló alrededor de la casa ideal del dandi del futuro: una estructura curva, acristalada y amueblada en un cálido minimalismo, diseñada en colaboración entre Williams y la empresa de arquitectura de lujo Not A Hotel. La ropa era menos espectacular y más realista, a su manera. Desde el abrigo marinero hasta un traje acampanado o zapatos de doble hebilla, pasando por plumíferos o una deseable cazadora acolchada en tejido vaquero, el creador estadounidense ha abrazado la ropa práctica y una elegante paleta de colores. Había muchos bolsos icónicos -el desfile coincidió con un París forrado de anuncios de los clásicos de la casa fotografiados con fondo negro-, como el Speedy revisado en un nuevo tejido de nailon y seda que lo hace más ligero y reversible. Aunque no todo era totalmente cabal: también salió un enorme baúl elaborado en cristal Tiffany, chaquetas militares en cuero brillante o una inesperada vuelta del charol rojo (Vernis, en el argot de la casa). El mensaje de contención, no obstante, adquirió la categoría de oficial cuando Pharrell salió a saludar después del desfile y empezó por Brigitte Macron, que había visto el desfile sentada a la derecha de Bernard Arnault, dueño de Vuitton y el hombre más rico de Francia.