Prada, Giorgio Armani o Dolce & Gabbana protagonizan una semana de desfiles en los que vuelve la reinterpretación de lo clásico
En la semana de la moda masculina de Milán que comenzó el viernes corren vientos de transición. ¿Cómo será el mundo en otoño de este año, cuando las colecciones lleguen a las tiendas? El panorama geopolítico es incierto, y también es el rumbo de la industria del lujo, que espera la consolidación de la nueva hornada de directores creativos que debutaron el año pasado entre señales inquietantes debidas a los aranceles de Trump o la crisis de los grandes almacenes estadounidenses. De ahí que la mayoría de las marcas hayan apostado por mensajes nítidos, por reforzar sus señas de identidad y por poner en valor lo que diferencia a la moda italiana del resto: una noción de la elegancia y el lujo basada en la calidad de los materiales y una fe inquebrantable en la capacidad de la sastrería para adaptarse a los nuevos tiempos.
“Recordar es una señal de respeto”, reivindican Miuccia Prada y Raf Simons en la nota de prensa de su colección. “Intento hacer mi trabajo del mejor modo, sostenible dentro de lo posible. Tenemos que ser honestos y trabajar con calidad y creatividad”, afirmaba Prada tras el desfile en un encuentro con la prensa. Las prendas más interesantes de las que presentaron eran chaquetas y gabardinas que mostraban, en los bordes o en torno a las costuras, señales de desgaste que dejaban ver los tejidos que había debajo: “evolución sin borrado”, en palabras de los diseñadores, que han optado por lo demás por una sastrería sofisticada, severa y adolescente, con una apuesta clara por pantalones entallados y chaquetas estrechas, además de por una cantidad apabullante de abrigos de vestir que marcan otra tendencia clara en detrimento de los plumíferos y abrigos deportivos de temporadas anteriores.









