El ideal de belleza ultramasculina del ‘trumpismo’ conduce a muchos jóvenes a seguir los nocivos consejos de ‘influencers’ que destrozan sus cuerpos pensando que así los endurecen
Hace dos años nos preguntamos en ICON si volvería a triunfar lo que llamamos un hombre normal. O sea, ese que carece de abdominales, generosos bíceps y una mandíbula cuadrada y que el cine actual está representado por actores como Hovik Keuchkerian o Josh O’Connor y en el clásico por leyendas como Humphrey Bogart o Marcello Mastroianni. Mientras la pregunta sigue esperand...
o respuesta, el físico hipermasculino sigue profundamente asentado y los cuerpos masculinos gigantescos y cincelados en el gimnasio siguen asentados, especialmente, en los éxitos que nos llegan a través del streaming, como Rivales o Emily in Paris, por no hablar de su entorno natural: el cine de acción y de superhéroes.
“En la cultura popular, estos rasgos físicos se exageran para que los personajes parezcan superhumanos: por eso se les marcan músculos que ni siquiera existen y la mandíbula es cuadrada”, dice en Toxic geek masculinity in media (Palgrave Macmillan, 2017) Anastasia Salter, que recalca que precisamente en lo que se centra el tan perseguido físico hipermasculino es en subrayar los rasgos que separan el concepto cultural del hombre del de la mujer.






