Anular la sexualidad o aparcarla durante un tiempo puede tener fines religiosos o espirituales, pero la abstinencia sexual elegida parece desprovista de una filosofía y, a menudo, se llega a ella por conductas de evitación

Si hace ya décadas que los estudios y encuestas revelan que los jóvenes tienen menos relaciones sexuales que las que tuvieron sus padres y abuelos a su misma edad, ahora este porcentaje se reduce, en muchos casos, a la nada por celibato voluntario, también conocido como volcel en inglés. Lejos de los motivos que determinadas religiones, como la católica, esgrimen para exigir a sus sacerdotes el fin de las relaciones sexuales —San Pablo, por ejemplo, hace notar que renunciar a ser un padre de familia permite al sacerdote más libertad para servir a otros y más tiempo para entregarse al Señor—, el celibato digamos laico no parece contar con ninguna filosofía que lo respalde.

Hay también tradiciones espirituales orientales en las que la abstinencia sexual se practica con un fin. Según Munindra, maestro de tantra yoga y conocedor de la filosofía tántrica, “una cosa es la energía sexual y otra es el sexo, las relaciones sexuales que se puedan tener con otras personas o con uno mismo, en el caso de la masturbación”. El también creador de la web crazyyogi asegura: “Para el yoga tántrico la energía sexual es muy poderosa y trabaja con ella directamente, pero no tiene por qué haber sexo necesariamente. Se puede utilizar esa energía para otros proyectos. No para tener un hijo o por el placer sexual, sino para transformarse a uno mismo”.