Los tabúes alrededor de la menopausia se están debilitando: cada vez se habla más de ella en voz alta, se rompen los estigmas a su alrededor e incluso se reivindica como una etapa vital de plenitud y liberación. “No estamos enfermas, sino heridas por la estigmatización social de esta transición”, protesta la psicóloga feminista Anna Freixas en su libro Nuestra Menopausia, una versión no oficial (Capitán Swing). En esa carrera por desmontar los mitos que todavía persisten en torno al fin de la menstruación, la ciencia está profundizando también en cómo afecta la menopausia a la vivencia de la sexualidad: se pueden experimentar cambios, pero ni todos tienen por qué ser negativos ni los más molestos han de terminar en una disfunción permanente en la esfera sexoafectiva.
Durante toda esa fase de tránsito entre la edad fértil y el fin de los ciclos menstruales —el climaterio—, una mujer puede experimentar dolor, sequedad vaginal, falta de deseo sexual. O liberarse, aprender nuevas habilidades eróticas y disfrutar más que nunca de su sexualidad, sin miedo a quedarse embarazada, por ejemplo. Cada experiencia es un mundo. Y en ella influyen variables biológicas asociadas a la caída de los estrógenos, pero también elementos psicosociales que condicionan esta etapa vital. Las expertas consultadas recuerdan que hay vida sexual más allá de la menopausia y numerosas soluciones para los problemas orgánicos o psicológicos que puedan surgir. “Que ninguna tire la toalla, porque hay un abanico enorme de opciones. Nadie nos ha enseñado habilidades eróticas y esta es una etapa nueva para aprenderlas”, conviene la sexóloga Francisca Molero.






