Evitar la eyaculación y, generalmente, el orgasmo es practicado por algunos por sus supuestos beneficios para la salud, mientras que otros lo hacen por razones más espirituales. Sin embargo, esta práctica tiene más riesgos que beneficios

En un mundo de excesos, las restricciones pueden ser vistas como remedios necesarios. De ahí que los ayunos o el celibato voluntario cuenten con su nicho de fans. Dentro de esta tendencia restrictiva hay que hablar también de la abstinencia eyaculatoria, que consiste en evitar la eyaculación por distintas razones y para obtener determinados beneficios.

El tantra fue una de las primeras disciplinas en hablar del control, del retraso y hasta de evitar la eyaculación con el fin de mejorar y alargar las relaciones o canalizar la energía sexual hacía otras facetas de la vida. Pero, como cuenta Munindra, maestro de tantra yoga, conocedor de la filosofía tántrica y creador de la web Crazyyogi, esto tiene su lado bueno y su lado malo, como todo. “Ya hay estudios que hablan de los beneficios de la eyaculación para la próstata. Además, estas prácticas hay que realizarlas con una técnica y un propósito. Es decir, para trascender, no para reprimir; porque no es lo mismo el celibato que practicaba San Juan de la Cruz que el que puede hacer un famoso, porque en ese momento no tiene pareja y le viene bien apuntarse a esta tendencia”.