El actor Javier Bardem y Jodie Ginsberg, del Comité para la Protección de los Periodistas, denuncian la sangría de profesionales y exigen la entrada de informadores internacionales en la Franja
Si está leyendo esto, es de suponer que usted cree en la libertad de prensa. Nosotros también. Sin embargo, este año, el Día Internacional de los Derechos Humanos, que conmemora la firma de la Declaración Universal, coincide con un momento en el que esa libertad está más amenazada que nunca; y más que en ningún lugar, en Gaza.
Hace 77 años, después de un genocidio que las potencias mundiales juraron que nunca debía volver a repetirse, los delegados de numerosos países, entre ellos Estados Unidos, India, Brasil y Egipto, firmaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En ella se reconocía que todos los seres humanos son iguales en dignidad y derechos y que toda persona tiene derecho a la vida, la libertad y la seguridad. También reconocía algo crucial para nuestros terrenos de actividad —el cine y el periodismo, respectivamente—: que la libertad de expresión es un derecho fundamental que incluye “la libertad de tener opiniones sin interferencias y de buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de comunicación y sin importar las fronteras”. El aniversario de la Declaración, el 10 de diciembre, debería ser motivo de celebración; sin embargo, hoy es un sombrío recordatorio de lo lejos que estamos de cumplir las promesas que contenía.






