“Llevo mucho tiempo alejándome de lo que aquí llamamos ‘blancos predecibles’. Eso incluye lugares y gente. Y Anas era uno de ellos”, admite un camarógrafo desde Ciudad de Gaza. El reportero se refiere al periodista de Al Jazeera, Anas al Sharif, al que Israel mató el domingo, junto a otros cuatro trabajadores del medio catarí.

“Me da mucha vergüenza decir esto hoy, porque tengo el corazón roto, pero le evitaba, pese a que lo apreciaba mucho. Me habría dado mucho miedo dormir en el mismo lugar que él”, agrega este reportero, que pide que se le identifique como Hatem, porque no quiere que su nombre aparezca en ningún medio. “Ya estamos suficientemente en peligro”, explica.

Anas al Sharif había sido directamente amenazado por responsables militares israelíes y el domingo, el ejército publicó un mensaje en X con la mención “Alcanzado”, una especie de reivindicación del ataque. En el mismo bombardeo murieron el reportero Mohammed Qreiqeh, los camarógrafos Ibrahim Zaher y Moamen Aliva y el asistente Mohammed Noufal de Al Jazeera, además de Mohamed al Khalidi, del medio local Sahat. Todos estaban en una tienda de campaña en la que vivían y trabajaban, a las puertas del hospital Al Shifa de Ciudad de Gaza, buscando en vano la protección que suelen ofrecer los hospitales en tiempos de guerra.