“Mataron gente. Mataron gente”. La voz del corresponsal Ibrahim Qannan, de Al Ghad TV, se quebró en directo cuando dos explosiones arrasaron el hospital Nasser de Jan Yunis el pasado lunes. Sus cámaras grabaron en tiempo real el doble ataque israelí en el que murieron al menos 20 personas, entre ellas, cinco periodistas que habían trabajado desde allí durante meses. “Nunca olvidaré cómo grité, Israel bombardeó y mató a periodistas y civiles en directo”, se aflige. El lugar de los ataques, la cuarta planta del edificio quirúrgico del hospital Nasser, era de sobra conocido. “Todo el mundo sabe de la presencia de periodistas y sus cámaras” porque “los drones y los aviones de reconocimiento” del ejército de Israel “lo fotografían todo”. “No hay margen para hablar de error o de falta de intención”, explica Qannan.
Entre las víctimas se encontraba Hussam al Masri, veterano fotoperiodista de Reuters y de la televisión palestina, el fotógrafo de Al Jazeera Mohammad Salama, la reportera independiente Mariam Abu Dagga, el fotoperiodista Moaz Abu Taha y el periodista independiente Ahmed Abu Aziz. Ese mismo día, en otro bombardeo israelí en Jan Yunis, falleció también el reportero Hassan Douhan.










