Hamza Qraiqea estaba allí y lo grabó todo. Un dron israelí había lanzado un misil en una de las zonas abiertas del Hospital Al Ahli Bautista en ciudad de Gaza, al norte de la Franja. Un grupo de periodistas que cubren el conflicto desde sus instalaciones eran el objetivo y cinco murieron en el ataque. Tres perdieron la vida de forma inmediata y otros dos, después —el último, este jueves— debido a la gravedad de sus heridas, según informaron los medios para los que trabajaban. Las imágenes de vídeo que captó el fotógrafo palestino y que ha compartido en su cuenta de Instagram muestran, entre otras escenas, el cuerpo sin vida de uno de sus colegas bajo un árbol, junto a una mesa de la que cuelgan las regletas de enchufes.
La cifra de informadores muertos en el conflicto varía según la fuente, oscilan entre los 178 que estima el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) y los 226 que contabiliza ―incluidos los fallecidos este jueves― la oficina de medios de Hamás, que gobierna de facto el territorio. Independientemente del número que se tome por bueno, Gaza es la mayor tumba de periodistas del planeta.
Reporteros Sin Fronteras (RSF) investiga cada caso para determinar si fueron atacados deliberadamente y en el ejercicio de sus funciones. Según sus pesquisas, desde la guerra que comenzó a partir de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, en 45 de ellos la ONG “tiene suficientes elementos, testimonios, imágenes e incluso grabaciones para señalar con firmeza que hubo una intención deliberada de atacar a la prensa”, afirma Jonathan Dagher, responsable de RSF para Oriente Próximo. “Lo que no significa que el resto no fueran un objetivo, sino que no se ha podido probar”, matiza.







