El ejército de Israel ha matado a dos centenares de informadores en Gaza en los últimos dos años, mientras el Gobierno de Netanyahu prohíbe la entrada de la prensa internacional a la Franja. Es una situación inédita en los conflictos bélicos. Los reporteros palestinos son los ojos y oídos del mundo, los únicos testigos que documentan una masacre que ha causado ya más de 65.000 muertos. A las dificultades diarias que los periodistas gazatíes deben sortear para poder informar se suma el miedo por sentirse un constante objetivo militar. Hablamos con reporteros que resisten y arriesgan su vida cada día. Y con las organizaciones que defienden su gran labor y denuncian los asesinatos. Así vive y muere la prensa en Gaza

El rostro de Hind Khoudary, cansado y ojeroso, pero repleto de fuerza y hasta de rabia, aparece al otro lado de la pantalla del ordenador. “¿Cómo estoy? Llevo más de 700 días trabajando sin descanso. Me siento exhausta, traumatizada, deprimida”, lanza esta periodista palestina. Khoudary, de 30 años, habla rápido y claro, en un inglés impecable. Es periodista de la cadena de televisión catarí Al Jazeera y su vida desde el 7 de octubre de 2023 refleja la de muchos reporteros de Gaza. Se ha desplazado varias veces, su casa ha sido bombardeada, varios colegas queridos han muerto bajo las bombas israelíes y sus familiares más cercanos se marcharon de Gaza cuando todavía era posible, con un pasaporte extranjero o pagando una importante cantidad de dinero. Ella también pudo haber salido, pero no quiso, y desde el día uno de esta guerra la nostalgia de los suyos, sumada al indescriptible horror que la rodea, la desgarra por dentro. “Pero sin nosotros nadie sabría qué está pasando aquí”, repite varias veces esta reportera. “Hoy me desperté con la noticia de que habían disparado a mi colega Osama, ayer otros dos periodistas resultaron heridos cuando cubrían el bombardeo de un edificio. Empiezo mi turno en un rato y no tengo ninguna garantía de llegar viva a mañana. ¿Hasta cuándo vamos a ser objetivos militares? ¿Cómo puede justificarse todo esto?”, prosigue, indignada, en un encuentro por Zoom organizado por una ONG palestina.