El patrón de ataques sistemáticos a los periodistas y a los medios de comunicación refleja una doctrina militar y política que considera legítimo exterminarlos, y que, consecuentemente, cuestiona el apego de Israel al derecho internacional y su pretensión de constituir el único Estado democrático y de derecho en la región.

La manera despiadada en la que decenas y decenas de periodistas han sido ejecutados a sangre fría habla bien de sus autores. De una putrefacta forma de razonar.

Es preferible no inferir qué estaríamos escuchando de nuestros dirigentes europeos si quien hubiera perpetrado la masacre de los informadores palestinos hubiera sido el ocupante del Kremlin. Fariseísmo supremo.

Putin debe estar bien satisfecho observando como nuestra pretendida superioridad moral y nuestro fingido compromiso con los derechos humanos, más concretamente con la libertad de Información, reposan en la basura de la historia.

En Reporteros Sin Fronteras sabemos, como muchas otras organizaciones de defensa de los periodistas y de la libertad de prensa, que la impunidad es la clave de bóveda de este engranaje diabólico que pretende sepultar este derecho allí donde convenga a los intereses políticos o personales de este o aquel gobernante.