El Ayuntamiento de Madrid carece de una ordenanza específica que prohíba el uso de pirotecnia en el ocio nocturno mientras se suceden las incidencias y cunde la inseguridad

La ruta del fuego madrileño es un paseo de apenas 20 minutos. Este recorre el eje noble de la Castellana, saliendo de la plaza de Colón hasta la estación de Metro de Gregorio Marañón. En estos dos kilómetros, hoy por hoy, se mire hacia donde se mire, es imposible no toparse con bengalas, botellas con luces pirotécnicas y antorchas que danzan entre las mesas de los comensales e iluminan la noche para quienes buscan la foto perfecta para la celebración soñada. De paso, ponen en riesgo la vida de clientes y trabajadores, co...

mo comprobaron recientemente en Fanático, el penúltimo local de moda en la capital. Allí, hace apenas unos días, un empleado se vio en la obligación de apagar un conato de incendio con un extintor. Pero las colas en la puerta del negocio continúan. La falta de regulación por parte del Ayuntamiento, que todavía anda pensando qué hacer, completa la tormenta perfecta. Entre quienes lo viven todos los días es más una certeza que un vaticinio: en cualquier momento, habrá una incidencia en la Castellana.