Joan Anton Sánchez Carreté, que en seis años pasó de la izquierda comunista a ser consultor tributario de la familia del ‘expresident’, regularizó en 2014 “deprisa y corriendo” la fortuna oculta en Andorra

Los partidos a la izquierda del PSOE comenzaron a asomar el hocico en sociedad a mediados de los setenta. No era fácil hacerlo, pues durante la llamada transición modélica la represión persistía. En ese contexto se presentó a la prensa, con muchas medidas de seguridad y en un piso de Barcelona, el Partido del Trabajo. El PT era una de las formaciones más numerosas –más allá del PSUC– de oposición a la dictadura. La puesta de largo del partido tuvo dos caras protagonistas: el camarada Ramon Lobato –nombre de guerra de Eladio García Castro, su secretario general–y Joan Anton Sánchez Carreté, responsable del partido en Cataluña.

Que nadie crea que aquello era una broma ni ganas de hacer el esnob. Muchos jóvenes militantes de esa y otras formaciones se dejaron la piel por los derechos y libertades, mientras otros hacían negocios, oposiciones o, simplemente, no se sentían especialmente agobiados por vivir bajo un régimen dictatorial. Para los amantes de las cifras, la asociación Archivo de la Transición tiene cuantificadas en 271 el número de personas que, entre 1975 y 1981, perdieron la vida en toda España a manos de los pistoleros de extrema derecha, la policía, la ejecución de penas de muerte o en circunstancias sospechosas y no aclaradas. Hacía falta valor para luchar contra una dictadura que poco a poco iba dejando de serlo, aunque peligrosa en sus últimos coletazos.