La familia de la anarquista recupera por fin los restos de una mujer libre asesinada por los sublevados de la Guerra Civil en Víznar, el mismo lugar donde acabaron con la vida de Lorca. Un largo viaje que hace justicia en España, un país donde quedan miles de víctimas por identificar y donde la ultraderecha busca borrar la memoria histórica
El silencio de esta habitación concentra el dolor de 90 años. Es profundo y está acompañado de lágrimas. “Mamá, la hemos encontrado, la hemos encontrado…”, repite una y otra vez en sus pensamientos Ángel González. Su madre, Nieves, está muerta pero intenta hablar con ella. Intenta decirle que ha encontrado a la abuela Carmela, madre de Nieves y cuyo cuerpo estuvo en una fosa común desde que fue asesinada el 15 de agosto de 1936 por los sublevados que, liderados por Franco, propiciaron el 18 de julio de ese año la guerra civil española. Ha caído la noche en Víznar y el frío es cortante en este viernes, 19 de diciembre de 2025, cuando Ángel, de 79 años, da los primeros pasitos hacia la caja que guarda los restos de Carmen Rodríguez Parra, conocida como Madre Carmela por la hospitalidad con la que trataba a todos los que acudían a su taberna de Granada. Detrás de él, como una piña, están su hermano Antonio, de 75 años, y su primo Marco, de 66, acompañados de María Estrella, la esposa de Ángel, y de dos de sus hijas. Se disponen a abrir la caja. “Abuela, abuela, abuelita…”, dice Ángel para sí mismo sin dejar de llorar mientras es el primero en observar el cráneo que preside una caja de menos de un metro de largo con muchos huesos. “Eres tú, abuela. Estás con nosotros”. Más allá del tiempo y de la historia, la voz de la cabeza de Ángel resuena en el silencio pesado de una habitación austera.






