El hombre acusado de estrangularla en su habitación de una residencia de Ávila tiene 66 años y está bajo custodia policial en una unidad psiquiátrica
Era de madrugada. En una de las habitaciones de la residencia de ancianos Decanos de Ávila dormía una huésped peculiar: Encarnación Polo Oliva (Sevilla, 86 años). Hacía años que nadie la llamaba Encarnita, el nombre artístico con el que rompió los moldes de la copla, a golpe de minifalda, pelo corto y flequillo en la puritana España franquista de los sesenta. Se sentaba en la cafetería y saludaba a los familiares que iban a visitar a sus padres, abuelos, hermanos. Algunos sabían quién era, pero otros solo sospechaban, por su manera de sentarse y saludar, que esa mujer que compartía bandeja de comedor a las afueras de la ciudad, había visto mucho más mundo del que mostraban esas ventanas.
La noche del pasado jueves al viernes, un hombre de 66 años, que no llevaba ni dos días en el centro, irrumpió en su habitación, según investiga la policía, y la estranguló. Su cadáver fue velado el sábado en un tanatorio abulense, mientras algunos visitaban a los suyos en el centro sin decir una palabra. Ni un famoso se ha asomado por la ciudad amurallada. Y su muerte se ha empapado de silencio y misterio, como si aquí no hubiera muerto una folclórica.






