El número uno se refiere a la separación como “algo interno”, subraya que se acordó “mutuamente” y transmite “hambre” antes del estreno del domingo en Melbourne
Mientras su padre, su médico, su hermano Álvaro y otros miembros de su círculo íntimo sobrevolaban desiertos, montañas, mares y océanos para aterrizar a última de este viernes en Melbourne, Carlos Alcaraz irrumpía en la sala de conferencias del grande australiano a mediodía, ataviado con un look rapero y el semblante habitual; esto es, buena cara, alguna carcajada y apetito. “Estoy con hambre de título, con ganas de conseguir un gran resultado aquí”, anteponía el número uno, cuya carrera marcó un significativo
html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/tenis/2025-12-17/carlos-alcaraz-rompe-con-ferrero-tras-siete-anos-llegan-tiempos-de-cambio-para-los-dos-nuevas-aventuras-y-nuevos-proyectos.html" data-link-track-dtm="">punto de giro el pasado 17 de diciembre, cuando anunció para sorpresa de todo el mundo la ruptura con el entrenador que le introdujo en la élite y le condujo hasta el estrellato, Juan Carlos Ferrero.
Desde ese comunicado y la explicación posterior del técnico, apenado y dolido este, tan solo trabajo de pretemporada, un par de bolos intrascendentes y ninguna referencia al episodio. Le correspondía al tenista, pues, precisar o matizar el porqué. Ni los días navideños ni la distancia entre una fecha y otra, casi un mes, rebajaron un ápice la expectación ni el deseo por saber de los especialistas que aguardaban las respuestas. Sin embargo, el protagonista mantuvo la línea del mensaje original y apeló simplemente al agradecimiento, los ciclos y la reciprocidad. Alcaraz (22 años) y los suyos prefieren encriptar los detalles de la decisión que cerró un vínculo de siete años y numerosos éxitos.






