Las respuestas automáticas del sistema nervioso ante la cercanía emocional se denominan ‘the ick’ (repulsión). No es nada nuevo aunque las redes sociales le han puesto nombre y relato

El creciente léxico vinculado al universo amoroso ha hecho del término the ick, que describe una repentina sensación de asco hacia la pareja por cosas tan triviales como por ejemplo, masticar ruidosamente. Begoña Aznárez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, recalca que se trata de un término que alude al paso casi ins...

tantáneo de la atracción al rechazo. En ocasiones se trata incluso de una sensación corporal de asco o incomodidad provocada por algo que la otra persona hace o muestra. Aunque suele tratarse de un detalle pequeño —un gesto, una frase, una actitud—, el efecto es grande: el deseo se cae de golpe y cuesta recuperarlo.

“No es algo nuevo. Lo diferente es que ahora tiene nombre, relato compartido y visibilidad gracias a las redes sociales. Antes estas reacciones se vivían en silencio, con confusión o culpa. Hoy se nombran, se comparten y se reconocen como una experiencia bastante común”, dice la autora de Las heridas que no vemos (Vergara, 2025). Matiza que desde la clínica son conscientes de que muchas de estas reacciones no son nuevas ni superficiales. “Son respuestas automáticas del sistema nervioso ante la cercanía emocional, muy vinculadas a experiencias traumáticas previas. Cuando el vínculo empieza a ser significativo, el cuerpo puede activar mecanismos de protección como el asco, la desconexión o la retirada del deseo. No es una elección consciente: es una forma de disociación relacional que busca reducir el peligro percibido”, explica. “Las redes han hecho visible el fenómeno, pero también lo han simplificado. Al convertir the ick en listas virales o en anécdotas humorísticas, corremos el riesgo de quedarnos solo en la superficie y no preguntarnos qué está pasando de verdad: si esa repulsión nos está protegiendo… o si nos está alejando sistemáticamente del encuentro con el otro”, dice la psicóloga.