El hundimiento de los blancos en Albacete tras el despido del técnico tolosarra agrava los problemas y deja expuestas a todas las partes al juicio del Bernabéu
Los jugadores del Real Madrid cruzaron este jueves por la mañana las puertas de Valdebebas, un lugar que huele a ajo. Los paseos interiores de la ciudad deportiva están decorados con miles de flores de la variedad tulbaghia violácea, una planta morada que impregna el ambiente con su intenso aroma. Allí les esperó el penitente Álvaro Arbeloa. Ya no está el despedido Xabi Alonso, que horas antes de que los blancos consumaran su
-real-madrid-en-albacete-para-volver-a-empezar.html" rel="" data-link-track-dtm="">quiebra absoluta en Albacete daba señales de romper el hermetismo que se autoimpuso durante su medio año en el Bernabéu. Sacrificado por el club, este miércoles trasladaba la idea de que, llegados a este punto, quizá lo mejor era terminar y no continuar con la agonía.
Sin el técnico vasco bajo la mirada desconfiada de la entidad y con un nuevo entrenador que apenas ha dirigido dos sesiones, todas las miradas apuntan ya a las otras dos patas de la crisis: los jugadores y, por extensión, la confección de una plantilla que, además de las abundantes lesiones, sigue padeciendo la falta de creadores de fútbol, como ya advirtieron a la entidad Carlo Ancelotti y Xabi. En el Belmontazo, pese a las múltiples ausencias por problemas físicos o descansos, el Madrid compareció con todos sus centrocampistas, menos Tchouameni, y el resultado fue que los blancos dispararon tantas veces a puerta como los locales (cinco), que presentaron una alineación repleta de suplentes debido a su precaria situación en Segunda, a un punto del descenso.






