La filtración de la pelea entre Valverde y Tchouameni, síntoma de la crisis institucional, culmina un largo proceso en el que el club ha sobreprotegido a los jugadores
“La sabandija filtradora tiene un interés: hacer daño”, afirmaba encolerizado un portavoz del Real Madrid este jueves, después de conocerse que Valverde había terminado en el hospital por su grave pelea con Tchouameni. “Por supuesto que tenemos sospechosos”, advertía indignado sobre un chivatazo que calificaba de “deslealtad máxima”. Al uruguayo, al que todo el mundo ha reconocido como el malo de la película pese a acabar con una brecha en la frente, también le preocupaba el topo...
. “Acá hay alguien que corre rápido con el cuento”, protestó en su vacilante justificación.
La filtración, otra más en los últimos días sobre los problemas del vestuario, en un club que ha hecho fama de su bunkerización, revela la profunda crisis de la entidad y la gran inestabilidad al término de la segunda temporada sin títulos. Una fuente conocedora de los entresijos del club define el clima interno como de hartazgo en varias capas de la institución, no solo puramente deportivas.
En la caseta, el aire se ha ido viciando en las dos últimas campañas hasta desembocar en la gran implosión retransmitida a diario, con señales claras de balcanización y autodestrucción. El corralito se ha ido empoderando cada vez más, en especial algunas estrellas frente a los sucesivos entrenadores, pero al mismo tiempo han ido surgiendo (o ampliándose) grietas y choques entre jugadores, como ha quedado demostrado esta semana. Y lo que es peor para el club, propagado a los cuatro vientos. En el caso de Álvaro Carreras, no obstante, no hizo falta que nadie lo filtrara, él mismo admitió esta semana que había tenido un “incidente con un compañero” (Rüdiger).












