Las viejas riñas callejeras se cocinan ahora en las plataformas digitales
Pegarse con los neonazis fue un pasatiempo habitual hace unos años en Barcelona. El 12 de octubre solía ser una fecha señalada: mientras los nostálgicos del franquismo caminaban hasta la montaña de Montjuïc, un grupo de resistentes se citaban en el barrio de Sants para plantarles cara. Los Mossos d’Esquadra, que ya lo sabían, evitaban que llegasen a las manos. En más de una ocasión, la jornada acababa en carreras, cargas policiales y contusionados.
Alguna vez, la policía a punto estuvo de no llegar a tiempo, como cuando en 2011 un centenar de personas se plantaron en la puerta de un concierto neonazi que se celebraba en una sala de Poblenou, al que asistieron diversos miembros del partido de extrema derecha Democracia Nacional. Los manifestantes reventaron la puerta del local, y para cuando los Mossos hicieron acto de presencia ya casi habían entrado, piedras en mano, dispuestos aparentemente a todo.
Aquellas batallas habían quedado un poco en historietas del pasado. Las manifestaciones de los grupúsculos ultras que subían a Montjuïc el 12 de octubre empezaron cada vez más a ser monitoreadas por la Fiscalía, y los fanáticos extremistas decidieron pensárselo dos veces antes de corear barbaridades. O amenazar e intimidar a los periodistas, como pasó en 2016, cuando unos cuantos informadores tuvimos que irnos a paso ligero para evitar llevarnos un guantazo de obsequio.






