Una entidad clandestina organizó el combate sin reglas que congregó a rusos, españoles e italianos en la vieja fábrica abandonada
“Estamos en la liga que estamos, una de las más duras del planeta, si no es la que más”, escribe Néstor en su cuenta de la red social Instagram. Es una de las más de 50 personas que el pasado fin de semana se reunieron en la central térmica abandonada de Cercs, en Barcelona, para pelearse. “Estaba listo...
para intercambiar golpes de pie, pero mi rival salió con una patada frontal y, como la intercepté, aproveché la ocasión para llevarlo al suelo. Duró menos de lo previsto”, explica también en su perfil de la misma red social alguien que se hace llamar Taurus Milano. Los dos luchadores participaron en alguno de los seis combates que se celebraron el pasado domingo, en un ring improvisado con ruedas neumáticas, con el suelo de la fábrica en desuso como única lona y los puños desnudos como arma.
Ambos dan las gracias en Instagram a Streets Fight Club por haber organizado las peleas. Los Mossos d’Esquadra han abierto una investigación para averiguar qué más hay detrás de los combates sin normas, que los propios protagonistas han colgado en sus redes sociales. En el caso del perfil de Taurus Milano, se ve cómo derriba a golpes a su contrincante; una vez en el suelo, le introduce los dedos en los ojos para aturdirlo, y finalmente lo estrangula con la técnica del mataleón (agarrándole por el cuello con el brazo) hasta dejarlo inconsciente. “Eso no es un deporte. Esto es la guerra. Reglas mínimas. Sin piedad. Sin quejas. Queremos sangre, brutalidad y caos desenfrenado”, admite Streets Fight Club, los supuestos anfitriones del encuentro, en sus redes sociales, sobre el tipo de peleas que montan por el mundo.






