Cada año veo cómo renuncia media docena de amigos y conocidos, es dificilísimo permanecer en esta carrera de fondo que es el audiovisual
Cada año veo cómo renuncia media docena de amigos y conocidos. Unos con dolor, otros con alivio. Unos con talento, otros sin él; igual que los que se quedan (unos con talento, otros sin él). Es dificilísimo permanecer en esta carrera de fondo que es el audiovisual, y no digamos ya el cine. Se queda quien puede, no quien quiere. De los que se quedan nunca espere usted la verdad (lo del padre notario, lo de la madre periodista de cuando los medios eran titanes, lo del tío en RTVE, lo de los 10 pisos en alquiler, lo de la madrina que trabajó con ese director que ganó un Oscar, o lo del nuevo marido de la madre, quien casualmente es directivo en la distribuidora en la que ha entrado el chaval). No hace falta que les pregunte usted nada: ya mismo le cuentan que están allí por méritos propios. No pondré aquí las trolas hilarantes que recuerdo, más que nada porque las soltaron, en público o en privado, personas a las que aprecio. Hoy día el frío nos afecta a todos, pero a unos más que a otros.
Alguno me cuenta que se ha sacado una oposición, o que ha entrado en Correos gracias a la bolsa de trabajo. Ellas se suelen retirar porque han sido madres, así es el reparto de tareas. ¿Se van felices? Pues no, para qué les voy a mentir. Se van resignadas. Tiene bastante que ver el centro donde estudió cada uno. Si tus padres son notarios (o jueces, o directores de RTVE) irás a centros más caros con más medios y mejores contactos. Si tus padres son cuentagarbanzos en algún lado (lo que en ingles sería white collar worker) tendrás que ir a alguna escuela más humilde donde los medios no den para un corto de esos que llegan a los Goya. Ya puedes ir echando horas en el trabajo de fin de semana. Y si tus padres son clase obrera y haces una FP, olvídate.






