El Gobierno quiere limitar al 22% el interés máximo de los créditos al consumo, incluidos los de tarjetas ‘revolving’. Es difícil encontrar razones en contra

En 2015 los economistas estadounidenses George A. Akerlof y Robert J Shiller, escribieron Phishing for Phools, publicado al año siguiente en España con el título Economía de manipulación. Los autores, galardonados con el premio del Banco de Suecia, conocido como Nobel de Economía, explican cómo “la economía de la manipulación encarece significativamente lo que tenemos que pagar por casas y viviendas que son las mayores compras que como consumidores haremos en nuestras vidas y, como las tarjetas de crédito nos embaucan para gastar considerablemente más en nuestro día a día”. Ambos explicitan que escribieron el libro para “los consumidores, que necesitan mantenerse alerta contra una multitud de trucos a los que se les somete”.

Las reflexiones de los economistas estadounidenses son de especial aplicación en España, que cuenta con uno de mercados financieros más manipulados de Europa a la luz de las centenares de miles de sentencias que condenan las prácticas abusivas. La semana pasada el Gobierno presentó el Anteproyecto de Ley de contratos de crédito al consumo, para “reducir la asimetría informativa” y “corregir aquellas situaciones en las que el consumidor pueda verse desprotegido”. Se trata de incorporar a la legislación nacional, la directiva europea de crédito al consumo de 18 de octubre de 2023, que debía haberse realizado antes del pasado 20 de noviembre.