El auge del ‘pegging’, la penetración anal a un hombre con ayuda de juguetes sexuales, rompe el último tabú para los varones heterosexuales
En 1998, José María Cano escribió una canción de Mecano en la que un personaje masculino, convencido de que el alcohol lo había vuelto gay, cantaba: “Por otro lao/Por el lao de atrás/No debe estar tan mal/Pruébalo y verás”. Su letra es recordada como una de las más sonrojantes del pop español. Salto a 2020: el Urban Dictionary recogió el término pegging, que es definido como el acto en el que “una mujer usa un arnés con dildo y penetra a un hombre por detrás”. El neologismo nació en realidad entre ambos hechos: en 2001 y de la mano del popular columnista sexual Dan Savage, que organizó un concurso para encontrar una palabra coloquial que describiera el acto. Desde entonces, se ha introducido en la cultura pop de diferentes maneras. “El pegging no es nuevo para mí, pero sí para Disney”, dice Ryan Reynolds, rompiendo la cuarta pared al hacerlo, en Deadpool. Y si lo sabe es porque en la primera parte de la saga, ya hay una alusión a la práctica.
Desde Cara Delevingne en la gala MET de 2021, donde lució un diseño de Dior que rezaba “Peg the Patriarchy” (una frase de la educadora sexual Luna Matatas) hasta el capítulo To peg or not to peg de la serie The Bold Type, en el que el novio de una de las protagonistas le propone poner en marcha la práctica que nos ocupa, pasando por la película de Paul Thomas Anderson Una batalla tras otra, en la que una escena insinúa que Teyana Taylor emplea un arma para hacérselo a Sean Penn, el pegging, o sea, ese acto en el que una mujer penetra a un hombre, se encuentra cada vez más asentado en la cultura popular y en los vídeos pornográficos consumidos por hombres heterosexuales.






